Y es más, me pregunto si la razón no será una extraña imposibilidad física que tenemos de tan siquiera comprender o aceptar que existen personas diferentes a nosotros, a nuestro Santo Yo. Y lo curioso es que podemos llegar a entender qué está sintiendo el otro, el alius, el ajeno, otra cuestión es si decidimos hacer algo o no ante eso, pero de ahí a aceptar que es diferente a mí.... Eso, eso sí que nos cuesta.
No sé si estaré siendo ingenua o sencillamente negativa, pero creo que es ésa, nuestra imposibilidad de ver y reconocer a los demás, las diferencias de los demás, nuestro peor mal. Es más, incluso cuando creemos que lo estamos haciendo no es más que el fruto de un fatigador esfuerzo del que más pronto que tarde nos cansamos.
No es que piense que es imposible pero, tal vez, siendo conscientes de esa tara emocional o física que nos limita sea más fácil predisponernos a ese esfuerzo. Quizás la ingenuidad sea pensar que la empatía es algo normal y al alcance de todos, que todos aceptamos alegremente que somos diferentes y que en realidad no nos conocemos. Nos juzgamos, calificamos y etiquetamos según somos, sentimos y pensamos. Y somos tantos y tantos, que así no hay manera.
Es una utopía poder ver al otro tal y como él o ella se ve, poder meternos en su piel y entender a la primera lo que siente, lo que dice y por qué lo dice. Pero no lo es, o no debería serlo, el aceptar a estas alturas alguna que otra limitación más, a saber, que somos menos sabios de lo que nos creemos, menos buenos de lo que nos pensamos y que no siempre llevamos razón. Así que, aunque sea agotador y, a veces, doloroso, intentar ponernos en la piel del otro puede ser una aventura de la que aprender. Seamos valientes. No es fácil.
Me ha encantado.
ResponderEliminarY a mí! (a ver si coincidimos por la calle Tetuán).
EliminarJajaja. ....eres Cristina, no?
EliminarPor esta vez, creo que no estoy tan de acuerdo contigo, amiga. Creo que si es posible ponerse en el lugar del otro, pues somos sentimiento. Empatizamos cuando sintonizamos afectiva y emocionalmente con el otro. Pero esto rara vez ocurre. ¿La razón? vivimos muy cómodamente. Empatizar significa salir de nosotros, hacer los problemas de los demás en nuestros; y esto, no tenemos ganas de hacerlo, simple y llanamente. Nuestro aburguesamiento ha llegado a este extremo que no deseamos abandonar nuestra vida cómoda por nada. Por eso, a los demás, que les den... empatía otros.
ResponderEliminarComo siempre sigo aprendiendo de ti. Gracias por seguir ahí.
EliminarLa piel del otro. Qué buena entrada Marian. A veces puede ser doloroso, o difícil. Pero otras veces es el camino que te aleja de la soledad, te cura heridas y te reconforta. Un abrazo, sentir la piel del otro puede también ser lo mejor que nos haya pasado.
ResponderEliminarGracias, amiga. Espero leer mucho más de ti. Un beso. Aurora
Yo creo que para eso hay que aceptar que la piel del otro es la piel del otro; el problema está precisamente en que somos de extremos, no podemos conformarnos solo con preguntar y escuchar lo que dice el otro, el afán es ponerse en la piel, ¡nada menos...! Y eso es tan abstracto y metafísico que sobran las palabras... que no hace falta preguntar ni escuchar: solo comprender. ¿Y desde dónde se comprende profundamente...? Desde nuestra "alma" desde nuestro "corazón" desde nuestra propia precepción de la vida NUESTRA NUESTRA NUESTRA, así que es muy complicado realmente llegar a ponerse en la piel del otro porque la llegamos a confundir con la nuestra, si nos vamos a niveles tan profundos. Mejor sería hablar de zapatos del otro jejeje, o simplemente de "Pepito me dijo esto y yo creo que..." Lo difícil es escuchar y creer. Aunque curiosamente parezca lo más simple jejeje.
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