Los corajes de las Corbacho, familia materna de una servidora y de algún que otro asiduo a este blog, son famosos y popularmente conocidos. Cuántas veces habré oído a mi madre, a mis tías y a mis primas decir: ¡Qué coraje me da! o ¡Tengo un corajeeeeeeeeee!. Ése era el preciso momento de quitarse de en medio, porque, si no, tarde o temprano alguien lo pagaba contigo. Esto, junto a las varices y la devoción a las papas aliñás y el lomo metido en manteca, lo he heredado de las Corbacho, por lo que mi marido también sabe ya qué hacer cuando me escucha decir: ¡Ojú, qué coraje tengo!, y lo cierto es que lo digo muy amenudo. Pero eso es parte de mi encanto y que nadie me diga que no, que me entra entonces un coraje que ni te cuento.
Pues bien, aclarado este punto, decir que mi prima Virginia me dejó el otro día un comentario en este blog y me parecía un desperdicio no compartirlo con vosotros, así que ahí va y espero que luego, os llaméis o no Corbacho, me comentéis las cosas que os dan mucho corajeeeeeeeeeeee.
UN POQUITO DE CORAJE NADA MÁS.
Coraje, en su doble significación:
1. Valor para hacer una cosa:
2. Irritación, ira, rabia.
Me quedo con el segundo. ¿A quién no le ha molestado algo alguna vez y ha dicho: “qué coraje me da”?. Pues yo soy una de ellas, soy una de esas personas a las cuales les da coraje las cosas, y con razón. Un ejemplo os voy a poner: un dia, estando tapeando en Cumbres Mayores (bar famoso por la carrillada ibérica) con mi madre, mis tios Paco y Ángeles y mi prima Marian, se acercaron unas “gachonas” de manera muy violenta, entrometiéndose para coger la mesa que nosotros desocupábamos. Pero vamos a ver, si aún estábamos sentados terminado el último bocado y pagando la cuenta… qué necesidad hay de que la tipa se meta de esa forma y encima empuje?. Bueno, pues nos salimos del bar, pero conforme andaba me puse a pensar en el coraje que me habia dado la situación, y sin más demora volví a entrar en el recinto para pelearme con ella. Hombre, faltaria más. Esa desde luego ya no empuja más a nadie por coger una cutre mesa de un bar de tapas.
No sé si estaréis de acuerdo.
Recuerdo otra anécdota muy graciosa: verano, conciertos en la playa de la Victoria de Cádiz, canta Carlos Baute… mi grupo de amigas, mi prima Marian y yo nos bajamos a la arena para ver mejor los movimientos de caderas del buenorro. Pues bien, de repente una ordinaria de las que predominan mucho en los barrios gaditanos, empieza a protestar porque no ven sus hijos. 1º, no lleves a los niños chicos a esas cosas porque se ponga quien se ponga delante no van a ver nada, 2º, a mi no me eches cojones que te vuelvo la cara para atrás, un poquito de educación señora. La verdad es que la cosa se puso mu chunga, mi prima también sacó su coraje y le soltó un tiroriro de los suyos, una bastez vamos, y yo le seguí. A todo esto la tiparraca contestando peor aún. Sólo faltó meterle mano al marido que encima se enfrentó a nosotras… venga ya, con toda la cara del que cogió a Manolete¡¡¡ Dio coraje, hija, qué vamos a hacer.
O bien, el dia que estábamos bailando las dos sevillanas en casa de mi tia Angeles… pues no creéis que subió la vecina a quejarse de que le retumbaba el techo? Perdona? Venga abuela, que está usted muy aburrida. Obviamente cuando salió por la puerta volvimos a taconear, esta vez con más fuerza.
Pues son cosas que dan coraje, no se puede evitar. Personalmente, cuando me entran los corajes es que…pffff… es que no puedo de verdad, me entra calor, fatiguita y tembleque. Que me como al que sea, me entiendes????? Ah, bueno.
Cuandoosentrenloscorajesechadlospafueraquesequedaunamupancha.Hedicho.